viernes, 9 de junio de 2017

696. Malaca (Malaca, Malasia)

Cuenta la leyenda que Parameswara, el ultimo rajá de Singapura, se hallaba descansando bajo un árbol cuando vio un ciervo cornear y lanzar al agua a uno de sus perros. Impresionado, decidió fundar allí un reino, al que llamó Malaca en honor al ejemplar de Phyllanthus embica, árbol denominado amalaka en sánscrito, bajo el que se encontraba. El sultanato subsiguiente fue prosperando y su riqueza llamó la atención de un monarca portugués que lo incorporó a sus territorios. De esta manera, su capital homónima mantiene trazas de ese periodo como el fuerte de Famosa o las ruinas de la iglesia de San Pablo, donde estableció una escuela San Francisco Javier. En el siglo XVII llegaron los holandeses, de cuyo dominio se mantienen edificaciones como el fuerte de San Juan o el Stadthuys. Posteriormente pasó a manos británicas e incluso japonesas durante la Segunda Guerra Mundial. Todas estas civilizaciones, junto con otras que se ponen de manifiesto en templos como Cheng Hoon Teng, donde confluyen taoísmo, confucionismo y budismo, Sri Poyatha Moorthi, templo hinduista que recuerda a su fundador Parameswara, o diversas mezquitas, credo actualmente mayoritario en Malasia, convierten a Malaca en una de las ciudades más cosmopolitas del mundo.

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